Otra mujer cambia de vida, presuntamente, tras la visita de El Atrapamundos.
Soledad Lamata siempre ha sido la friki del pueblo. Centro de burlas, señalada por sus excentricidades y evitada por la mayoría, sale temprano de su casa con grandes bolsas con asas en las que porta comida. Guisos para gatos, restos estofados con cariño y dedicación para sus animalicos, esos que le gustan tanto porque nunca la han herido. Suele estar junto a las tapias, en los solares en los que los niños se divierten lanzando chinas a los gatos mientras saborean comistrajos de esa pobre loca.
Ayer, de pronto, salió desnuda de su casa, se arrodilló en la plaza, frente al Ayuntamiento, y alzó sus brazos con gestos ostentosos: "¡Él me ha hablado!", repetía a viva voz. "¡Me ha visitado! ¡Quiere que cambie de vida, que lo abandone todo, que sea otra persona!".
Hay quien asegura que se refería a El Atrapamundos. Desde luego, no está demostrado excepto por un hecho incuestionable: el suceso le cambió la vida.
Ahora permanece en un hospital psiquiátrico, medicada, en un estado mucho más apacible y sereno. Ya no guisa para gatos, aunque hay quien dice que ahora habla con las moscas y colecciona cuscurros.